¿URBANISMO O MARRAMACHADA?
Hace unos días leía un articulo de prensa donde el Concejal de Urbanismo de Avilés, Sr. Rañón exhibía un hacer urbanístico idílico, rayando en lo fantástico y milagroso, vamos todo un primor, pero voy a reparar sólo en una de sus expresiones deslumbrantes “defensa del casco histórico de Avilés” cachi en diez, se lo juro amigo lector, me cayeron hasta las pistolas ante tanta blasfemia urbanística perfumada de electoralismo.
Decir que su concejalía esta defendiendo el casco histórico de Avilés, ye cumu decir que la plebe ye rancia e inculta y claro eso el Concejal nu lu piensa y menos en época electoral… ye el periodista que pon lo que quier.
Hace unos días observe un espejismo urbanístico a la altura del Nº 49 de la calle Rivero de Avilés, una edificación nueva que se denomina “Puerta de Ferrera”, en ella sobresale (con un par de c…) una balconada hacia la calle Rivero, en la que seguramente el Concejal intenta o aspira a escandalizar/provocar a los Avilesinos, públicos burgueses y filisteos tontainas. “Todavía existen Concejales ilusos que tratan de escandalizarnos empleando los mismos métodos iconoclastas, blasfemos ó energúmenos que exasperaban a los arquitectos y que a nosotros sólo nos despiertan una mueca cabreante, cuando no un bostezo de hastío”, puesto que ya no existen dogmas que profanar, ni convicciones sagradas que pisotear (políticamente hablando). El tabú que antaño encarnaban la religión o la moral burguesa lo desempeña hoy la llamada “corrección política”, ese potaje de gilipolleces laicas inventadas por el marxismo rococó. Y, puesto que la mayoría de los concejalinos viven cómodamente instalados en el marxismo rococó, que es fuente de prebendas y bendiciones oficiales, nadie osa arremeter contra el catecismo propugnado desde los púlpitos de la conveniencia. Recordarán los tres o cuatro lectores que todavía me siguen leyendo que, en su película La edad de Oro, Buñuel se atrevía a escarnecer ciertos dogmas religiosos; y uno se pregunta: ¿quién se atrevería hoy a escarnecer los dogmas consagrados por la corrección política? Nadie; pues la burla de estas verdades irrefutables acarrearía al infractor una condena perpetua de ostracismo.
Antaño un Concejal anhelaba el beneplácito social y vivir en el interior de los márgenes; hoy, en plena era mediática, ese “Concejal” sabe que en la intemperie de los márgenes no existe vida, así que se queda quietecito entre los ejércitos mansurrones de constructores y la corrección política, comulgando diariamente con los dogmas que administra la beatería oficial municipal.
Muerta la posibilidad del escándalo, al Concejal sólo le resta la vía de la mamarrachada sofisticada urbanística, del reclamo publicitario y en la calle Rivero lo ha conseguido con varias chorradas abracadabrantes (en otro momento hablaremos de la anexa calle la libertad peatonal y su pretendida vuelta a despeatonalizarla), pero esa ye otra historia de un Concejal sobrenatural en su búsqueda de nuevos finisterres de bufonería temporal electoral.
Alguien que pasó por la calle Rivero y me dijo que esa balconada era un cuerpo yacente que representaba el sometimiento del macho concejal a la política, aquellas interpretaciones, que sonaban absurdas y mentecatas. Casi sin darme cuenta, me dejaron patidifuso durante horas, vislumbrando una obra aberrante que los paseantes percibían con fervorosa perplejidad y estupefacto arrobo, como si se les hubiera aparecido la escultura del perro del Guggenheim.
Estas son obras bodrios y bazofias urbanísticas, pues con lo de estos potajes urbanísticos pasa como con la literatura y con la música y como con otras tantas artes. Hay quien tiene algo que decir, sugerir o construir, y lo demuestra de forma más o menos evidente, echándole mucha imaginación, disfrazándolo de mediocridad bajo la farfolla del símbolo vacuo y el supuesto mensaje a desentrañar si uno sintoniza, y se fija, y sabe, y realiza su propia performance, como dicen ahora algunos críticos, subiéndose a un columpio colgado del techo, la obra la firmaba Han Baracz, o reflexionando profundamente sobre la apropiación de la naturaleza por la ciencia ante el bisonte disecado de Mark Dion, o dejando las huellas de frenazos de una moto sobre una plataforma como Lori Hersberger. ¡Ahí Concejal¡ con un par….
Tampoco vamos a ponernos apocalípticos. La cosa no es de ahora, (del edificio del barrio del Nodo premiado si el Dr. de este medio me lo permite hablaremos en otra ocasión). Lo que ocurre es que nunca, como en el tiempo en que vivimos, fue tan difusa la frontera entre el urbanismo y la gilipollez, alentada esta última por los caraduras y los cantamañanas que viven del cuento o se tiran el pegote consagrando esto o negando aquello, engañando a niños de parbulitos y timando a los memos, en una especie de onanismo virtual que nada tiene que ver con la realidad ni con el gusto de nadie, y ni siquiera con el arte en el urbanismo más amplio y generoso de la palabra. Y así, entre concejales prodigiosos, críticos y público que babea ante lo que le echen, se alienta a cualquier politiquillo a montárselo por el morro, autorizando inmensos camelos que encima, para que no se diga que son retrógrados, o incultos, o poco inteligentes, van éstos y los aplauden, y les pagan (perdón, les pagamos), Y es así como algunos edificios particulares, jardines públicos, y inmuebles representativos, se emperifollan con engendros que nunca que te dejan boquiabierto de estupor mientras te preguntas quién tiene el cuajo de sostener que eso es urbanísmo. Salvo que aceptemos, yéndonos a otro terreno peliagudo, que ahora la palabra urbanismo pueda mezclarlo todo sin remilgos como si fuera una lata de cocacola puesta en el suelo; la soledad de la lata invitándote a reflexionar sobre el tempo fugit y las propiedades emergentes de la vida.
No sé a lo mejor es que soy un rancio y un desatinado urbanístico, y cuando me dicen que tan artista es Duane Hanson como Boticelli, me da la risa locuela. En mis modestas limitaciones, y en otro orden artístico, será por eso que cuando en la feria de Basilea vi expuesta una obra que consistía en el propio artista en carne mortal, completamente desnudo y boca abajo en un foso casi a ras del suelo, con un cristal por encima para que pisaran los visitantes, lamenté muchísimo que el artista no estuviera boca arriba y sin cristal para que los visitantes pudiéramos pisarle directamente los huevos. Toma nota Concejal.