no se ven
21/10/2007
Bajo tierra, o tras el musgo, guarecidos en los pliegues de alguna hoja caída, escalando algún tallo, o simplemente invisibles por su tamaño, pero por ahí están cientos de animalillos, empezando el día o volviendo a su refugio como los trasnochadores impenitentes (no miro a nadie, Uti). Arriba, como siempre, esa maravilla de sol que sale para todos.