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XAVI

REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE AVILÉS

Negociar con secuestradores

jueves, 24 de abril de 2008 11:40

"Sigo esperando con creciente impaciencia, ya casi desesperada, el comunicado del PP que condene al Gobierno de España por estar favoreciendo la negociación con los piratas que se han apoderado del pesquero Playa de Bakio en aguas del Índico. ¿No estábamos en que es de todo punto inaceptable negociar con terroristas? ¿No se había establecido como principio insoslayable que constituye un delito intolerable y un crimen de lesa patria ceder a sus chantajes?

“Pero éstos son delincuentes comunes”, me argumenta mi buen amigo Gervasio Guzmán, al que le incomoda mi argumento. “¿Delincuentes comunes? O sea, lo mismo que la gente de ETA, según han insistido hasta la saciedad los dirigentes del PP”, le respondo. Efectivamente, llevo años oyéndoles decir que, para estas alturas, los de ETA son ya sólo una banda de delincuentes que mantienen su actividad para hacer dinero, sin más. Como un modo de vida.

Es decir, igual que los piratas somalíes. ¿Y con aquéllos cabe negociar, e incluso pagar rescate, pero con éstos está prohibido incluso hablar? ¿Y allá mandamos diplomáticos, con todas sus credenciales, pero al que se atreve a intermediar aquí se le detiene de inmediato y se le conduce esposado a la Audiencia Nacional?

Dejo constancia, no vaya a ser que algún despistado confunda el sentido de mi sarcasmo, que apoyo todas las gestiones destinadas a liberar a la tripulación del Playa de Bakio (a toda, al margen de sus orígenes geográficos). De lo que me quejo (y de lo que me río) es del manejo de esos principios de quita y pon, que se inventan sobre la marcha para usar como arma arrojadiza en una situación concreta y que se esconden púdicamente en cuanto resultan inconvenientes o impopulares. O hay algunas condiciones en las que se puede y se debe negociar y llegar a arreglos con los chantajistas, por desagradable que resulte, o no las hay, en cuyo caso lo que debería exigir el PP al Gobierno de España es que respalde plenamente a la parte de las autoridades somalíes que es partidaria de tomar el barco a tiro limpio para neutralizar a los secuestradores, vivos o muertos.

Pero no sé. Algo me dice que no lo va a hacer."

en: www.javierortiz.net


Vale.

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El último asesinado del reinado de Alfoso XIII

miércoles, 16 de abril de 2008 18:31
xavi:  El último asesinado del reinado de Alfoso XIII

"En plena semana de recuerdo de la II República española, proclamada el 14 de abril de 1931, tras unas elecciones municipales democráticas, semana también de reivindicación y lucha contra la monarquía y por una nueva República, nos viene a cuento reproducir unas páginas del libro DE BAR EN BAR HASTA LLEGAR AL MAR, escrito por Manuel Blanco Chivite y editado por VOSA SL en las que se resalta un hecho poco conocido. Determinado cuerpo de seguridad del Estado, de carácter militar, para más señas, no quiso despedirse de la Monarquía alfonsina sin dejar su particularísimo sello, o séase, mediante el asesinato.
Pero les dejamos con el texto del referido libro. También se cuenta quiénes fueron los hombres que colocaron la bandera republicana en la Puerta del Sol el día 14.
1- El último asesinado

El 12 de abril de 1931, domingo, se celebraron las elecciones.
El 13, lunes, por la tarde, la Puerta del Sol de Madrid y calles adyacentes estaban ocupadas por miles de manifestantes que celebraban ya, con gritos y frases de alegría, el inminente cambio de régimen: de la monarquía a la república. Junto a la Granja del Henar, el socialista Julio Álvarez del Vayo arengaba a la multitud, recomendaba calma y pedía que la manifestación se fuese disolviendo. Los concentrados daban vivas a la República y a las fuerzas del orden que contemplaban el espectáculo, confraternizando en muchos casos con los ciudadanos. Avanzada la tarde, un buen número de manifestantes descendieron por la calle Alcalá y llegaron hasta el paseo de Recoletos. Allí permanecía estacionado un escuadrón de la Guardia Civil. Al verlo, una ovación saludó a los guardias. El oficial al mando no pareció apreciar tal entusiasmo y dispuso a sus hombres para el ataque. Mandó dar los preceptivos toques de atención y como la manifestación siguiese su desprevenida marcha, ordenó hacer fuego. Fue obedecido.
Según se supo poco después, cuatro heridos de bala tuvieron que ser atendidos en la Casa de Socorro de Hospicio por los doctores Navarro y Solá. De ellos, el más grave resultó ser Justo Zubiaurre Lascuarín, de veinticinco años, natural de Zarauz (Guipúzcoa) y domiciliado en la calle Salitre número 9.
En el servicio de urgencia de la clínica de la calle Tamayo y Baus fue atendido otro herido grave, Emilio Aranzo Honorio, de cuarenta y nueve años, domiciliado en la calle Ave María número 47. Según informó la prensa, “un proyectil le entró por la espalda y le salió por el vientre”; otro le atravesó la mano derecha. Fue asistido por los doctores Rodríguez y Villa. Emilio Aranzo, casado y con tres hijos, dos chicos y una chica, falleció durante la mañana del 14 de abril.

2- …cuatro hombres…

…cuatro hombres se abrieron paso entre la entusiasta multitud que abarrotaba la Puerta del Sol para celebrar la proclamación de la República. Se dirigieron al edificio de Gobernación, cruzaron entre los guardias de vigilancia, subieron hasta el balcón principal e izaron la bandera republicana. Esos hombres se llamaban Manuel Gómez Guijarro, José María Fernández, Carlos Schüller y Mariano Sánchez Roca. Republicanos desconocidos todos ellos, a excepción, en la época, de Mariano Sánchez Roca, periodista de profesión, subdirector del periódico La Tierra."

en: kevinvazquez.blogspot.com

Vale.

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Crónica desde Argentina: UN PAÍS AL REVÉS: HUELGA DE TERRATENIENTES EN ARGENTINA

jueves, 03 de abril de 2008 13:43
xavi:  Crónica desde Argentina: UN PAÍS AL REVÉS: HUELGA DE TERRATENIENTES EN ARGENTINA

"La nota que sigue ha llegado a nuestra redacción(kevinvazquez.blogspot.com) desde Argentina. Nos la envía un viejo amigo de Buenos Aires, Arturo S., que conoce España. La reproducimos tal cual.

En una charla sobre política sudamericana un profesor de la universidad complutense de Madrid comenzó diciendo: No podemos entender la política de estos países aplicando los tradicionales conceptos de “derecha” e “izquierda”. Fue para mí traducir en palabras lo que ya venía barruntando. En España sólo existe la extrema derecha, la extrema izquierda y, como tercera posición, la más absoluta indiferencia política.
Cuando recordamos que un militar de formación fascista trajo a Argentina la revolución social, nuestra alma se arroba en místico silencio, como ante un dogma de fe.
La reciente historia de este país nos muestra uno de los últimos escalones de su caída –quiera su destino que sea el último-, con el “corralito” y el “corralón”, los bancos quedándose por narices con el dinero de sus clientes, la devaluación de la moneda que, en ese rincón del mundo dolarizado, significó que aquellos que guardaban algo de dinero quedasen de la noche a la mañana con la cuarta parte. Fines del 2001 represión y cacerolazos, un 2002 vacío, con la mitad de los negocios cerrados, con media ciudad de Buenos Aires en venta e invendible, casi sin automóviles circulando, masas de gente durmiendo en la calle arrebujados entre sí para mitigar el frío y cubiertos de periódicos (yo he visto, con mis propios ojos, bajando en plena noche por la calle Corrientes desde Avenida Pueyrredon hacia Avenida Callao, en el zaguán de una galería comercial, no menos de una treintena de personas haciendo noche sobre el piso, en pleno invierno).
Desde entonces, a las duras y a las maduras recuperado, el país, con el cultivo de la soja que vende a China, logra mejorar notoriamente su macroeconomía (de la microeconomía mejor no hablemos). Surge una nueva oligarquía terrateniente, que ve la posibilidad de enriquecerse en poco tiempo, siguiendo con ello la más pura tradición folclórica del país. Pero como el gobierno los grava de importantes impuestos, los terratenientes… no me va usted a creer… se ponen en huelga. Y una huelga con piquetes, con cacerolazos, al más puro estilo pobre que dio el país en la modernidad.
Veía en la tele a un hombre humildón, un hombre de piel morena, un “cabecita negra”, al que el periodista preguntaba su opinión al respecto, decir:
-La verdá que no sé de qué hacen güelga. Llegan a las manifestaciones con unos cochazos que yo con toda mi familia trabajando toda la vida no lo podría comprar."

en: kevinvazquez.blogspot.com

Vale.

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¿Hay un camino a la izquierda?

miércoles, 02 de abril de 2008 12:09
xavi: ¿Hay un camino a la izquierda?

¿Hay un camino a la izquierda? en e.mientrastanto Número 57 de Abril de 2008.

Acabó la cuaresma, pero no el tiempo de privaciones. En ningún campo esencial para la vida social se atisban razones para el optimismo.

I

En el terreno político lo único bueno es que el Partido Popular seguirá en la oposición. Pero la forma como se ha producido esta derrota le permitirá condicionar o bloquear reformas importantes. Y su potente aparato mediático e institucional —incluida la ultramontana Iglesia Católica— puede seguir marcando parte de la agenda política. El resultado electoral deja además otros indicios preocupantes. La izquierda —no sólo Izquierda Unida— queda en una situación parlamentaria irrelevante. El PSOE vuelve a tener como mayores aliados a los nacionalistas periféricos conservadores, a los que temo más por su derechismo que por su nacionalismo. Me atiendo a la historia pasada: los mayores impactos de los pactos con convergentes y peneuvistas se han producido en campos como la reforma laboral o la política fiscal (incluida la reforma del IRPF aprobada en la pasada legislatura). El resultado electoral parece haber sumido al PSOE en una nueva crisis de identidad al comprobar que su victoria se ha basado en la periferia (Catalunya, Euskadi, Andalucía), pero se ha perdido Madrid. Y para la elite política perder Madrid es perder el mundo. El vértigo puede llevar a un nuevo giro “españolista” (justificado por la necesidad de consenso en cuestiones de estado con el Partido Popular), que puede traducirse tanto en el reforzamiento de políticas derechistas como en tensiones en el interior del propio partido, especialmente con un Partit dels Socialistes Catalans necesitado de traducir su éxito electoral en ganancias tangibles para la ciudadanía que le vota. El PP ha fracasado en su intento de recuperar el poder, pero quizás ha tenido éxito en mover el espectro electoral hacia la derecha.

Buena parte de este movimiento ha tenido que ver con el nacionalismo, el español y el otro. El Partido Popular ha resistido gracias al crecimiento de votos en el centro (Madrid y Castilla la Mancha, en parte una periferia de Madrid), Murcia y el País Valencià. Y también ha sido en Madrid donde ha obtenido un cierto éxito entre las capas medias el recién nacido partido de Rosa Diez (captando votos en caladeros parecidos a los que en Catalunya llevaron a Ciutadans al Parlament). Posiblemente por razones distintas, en estas zonas ha calado el discurso de la quiebra del estado, del “chantaje” del nacionalismo periférico. Aunque en el caso de Levante es posible que el tema del agua haya jugado también su papel. Y el blaverismo valenciano obedece menos a una visión centralista del estado que al miedo a la hegemonía catalana. En todo caso refleja, especialmente en Madrid, que un sector amplio de las clases medias mantiene un poso de cultura conservadora muy fuerte y está predispuesta a apoyar a un proyecto reaccionario (y a creerse todas las mentiras que circulan por ahí) antes que ver en peligro su visión de la unidad nacional. No tan lejos de 1936. Pero, también en el otro lado las cuestiones nacionales han pesado, no solo en Catalunya —donde el voto masivo al PSC sólo puede entenderse como una reacción al temor que genera el Partido Popular— sino también en lugares como Aragón, donde el tema del agua genera el efecto inverso al de Murcia. El nacionalismo, el regionalismo, el localismo están vivos. Y deben ser considerados en cualquier proyecto que aspire a cambiar la situación. Incluso en aquellos que parten de un posicionamiento internacionalista o cosmopolita. Y en el corto plazo seguirán constituyendo un eje de tensiones y, probablemente, un factor de derechización social.

II

La situación va a marcar gran parte de la coyuntura social de los próximos años. Nunca tenemos datos suficientes para saber cuál es la profundidad y duración de la recesión. Porque en gran parte ésta depende de las acciones de los grandes agentes (empresarios, gobiernos, bancos centrales) cuyo comportamiento es difícilmente predecible. Pero los datos que existen apuntan a una situación grave, gestada en un largo proceso que daba indicios que nos encaminábamos a un nuevo desastre económico. La crisis inmobiliaria que está en el núcleo de la situación actual es el producto de una desaforada expansión en aquellos países que han estado a la cabeza del crecimiento reciente en el mundo rico (Estados Unidos, Reino Unido, España, Irlanda). Un hipercrecimiento que como todas las burbujas inmobiliarias acaba explotando.

En este caso la situación se agrava por el brutal crecimiento y complejidad del sector financiero. El principal beneficiario de las desregulaciones típicas de la etapa neoliberal y el principal promotor del boom inmobiliario. La crisis financiera actual es sólo una más en la sucesión de avatares financieros del periodo neoliberal. Pero su profundidad parece mayor, porque está asociada a un proceso de especulación masiva desarrollada en el núcleo central de las sociedades capitalistas desarrolladas. La sucesión de quiebras encubiertas de grandes entidades financieras y la masiva intervención de los bancos centrales (especialmente la Reserva Federal) muestran esa profundidad. Ya comenté en otra nota que es dudoso que la simple introducción de dinero sirva para evitar la recesión (el tradicional problema de la “trampa de la liquidez” que ya se mostró hace unos años en Japón), pero está al menos sirviendo de “cortafuegos” y evitando que la crisis se extienda en forma de colapso general del sistema financiero. Otra cosa es hasta qué punto estas medidas de urgencia van a suponer un cambio de orientación de las economías capitalistas, o si se trata, como parece, de meras medidas para ir tirando mientras se espera que la tormenta amaine.

En nuestro país la situación tiene características específicas, asociadas en parte a la posición particular de la economía española. El Gobierno no ha parado de decir que estamos tranquilos, aduciendo para ello la baja tasa de morosidad bancaria (aquí no se ha sido tan alegre en conceder créditos), el crecimiento del empleo de los últimos años y el buen estado de las finanzas públicas y de la Seguridad Social. Este cuadro optimista esconde, sin embargo, algunas cuestiones críticas clave. En los últimos trece años el país ha experimentado un fuerte crecimiento basado en gran medida en el impulso de la construcción. Mientras el papel de otros sectores ha sido bastante menos brillante, de lo que da buena cuenta el creciente déficit exterior, que indica que en el plano industrial el país ha perdido peso (y el análisis de las tasas de cobertura sectorial —la relación entre exportaciones e importaciones— muestra un deterioro generalizado de la industria española) y que el turismo ya no es capaz por sí solo de cubrir este vacío. Ahora la palabra de orden es que hay que cambiar de modelo, pasar del “tocho” a “la inteligencia”. Pero esto es más fácil de decir que de hacer.

Hay razones para ser escépticos sobre la capacidad de reconversión de la economía española. Con la integración europea y, sobre todo, tras la integración monetaria, se han perdido gran parte de los resortes políticos que han permitido a diversos países alcanzar un importante desarrollo tecnológico e industrial (aunque se trata de un libro discutible, en este aspecto es elocuente el texto de E. S. Reinert La globalización de la pobreza, Crítica): no hay autonomía ni en política arancelaria, ni en política de tipo de cambio, ni prácticamente en política industrial. Baste recordar la reciente pelea del Gobierno con Bruselas en materia de política energética. Muchas de las grandes empresas industriales son sucursales de grandes grupos multinacionales cuyas estrategias se definen por elementos que no suelen tener en cuenta los intereses locales. En este contexto las habituales referencias a la “economía del talento”, a la “I+d+i”, suenan más a mantras repetidos para alejar demonios que a propuestas específicas de acción política. Quizás el futuro nos depare una sorpresa, parecida a la que ha supuesto el increíble —por su duración temporal— boom inmobiliario que nadie habría previsto en 2004, y debamos así revisar el análisis. Pero parece más sensato pensar que entramos en una fase de enormes turbulencias.

Éstas pueden incluso poner en crisis al sector público, cuya expansión ha dependido sobre todo de los ingresos generados por el mismo boom inmobiliario. Y cuya voluntad de mantener un bajo nivel impositivo puede derivar en problemas cuando se esfuma el crecimiento. En el contexto político detallado en el punto anterior, podemos esperar que las dificultades se van a traducir en una vuelta a la derecha de una política económica ya de por sí conservadora. Ya sabemos que las últimas crisis han sido enormes coartadas para introducir desregulaciones del mercado laboral, recortes de impuestos a los ricos, privatizaciones... O para impulsar políticas de inversión pública que auguran nuevas agresiones medioambientales, como el ya anunciado plan del Gobierno de usar la inversión en infraestructuras como un mecanismo anticrisis, o la persistente presión del lobby nuclear.

Hay un factor adicional que dará a esta crisis una mayor tensión social. La recesión afecta sobre todo al empleo masculino y, especialmente, a los inmigrantes. La presión que los desempleados pueden ejercer sobre las prestaciones sociales, la visibilidad de hombres magrebíes o sudamericanos desocupados, las dificultades generales de empleo, pueden alentar un reforzamiento de las respuestas racistas y xenófobas que han estado latentes mientras se podía argumentar que no había competencia por los puestos de trabajo entre nativos y recién llegados.

III

La situación actual también está marcada por aspectos que tienen que ver con la crisis ecológica global. O al menos dan pistas de cómo va a desarrollarse. Ahí está el crecimiento del precio del petróleo y derivados. O la sequía, especialmente grave en Catalunya. Es posible que estemos sólo asistiendo a procesos coyunturales, pero cuadran sin duda con lo que podemos esperar del agotamiento de un recurso no renovable o del impacto del cambio climático. Y ello nos permite apreciar cuáles van a ser las líneas de respuesta. Empezando por la total carencia de planes bien definidos para hacer frente a estos problemas y las dificultades para adoptar respuestas adecuadas. Ya estamos empezando a asistir a las primeras manifestaciones de respuesta de los sectores directamente enfrentados al alza del gasóleo o al racionamiento del agua. Y a la demanda de nuevas infraestructuras. Y a las peleas interterritoriales (ahí no en clave nacionalista, sino como mera oposición de mundo rural y mundo urbano, una de las bases sobre las que se ha desarrollado algún movimiento opuesto a los parques eólicos), que siempre dan mucho de sí. O la ya citada ofensiva cultural de los pronucleares que se apuntan al apocalipsis para justificar la reintroducción de una energía que, tras Three Mile Island, Chernobil (y Vandellós) parecía una pesadilla del pasado.

IV

Malos tiempos para la lírica. Peores porque faltan fuerzas sociales y mediaciones políticas para encarar estos problemas. Una crisis que no se limita a la crisis de representación política que significa el descalabro electoral de Izquierda Unida, sino que tiene que ver con el escaso peso de la izquierda en el plano del debate intelectual, con la fragilidad y debilidad de las organizaciones sociales y, a menudo, con la confusión y sectarismo que existe entre muchos de estos círculos. No es sólo un problema local, puesto que se trata de una crisis general que no parece remontar. No hay por tanto que esperar soluciones, por más que la urgencia de los problemas demande alternativas.

La crisis inevitable de Izquierda Unida puede ser un nuevo paso atrás de este proceso en caída libre. O convertirse en una nueva oportunidad para repensar todos los procesos. Al menos la actitud de Llamazares el día de las elecciones ha representado un gesto de dignidad (reconocer la derrota, abrir un proceso de debate y renunciar al liderazgo) que debería servir como apertura de esa reflexión. Una reflexión que además se da sin la presión que generan en las organizaciones políticas los ciclos políticos. La partida está en el tejado de las diferentes familias que forman el conglomerado político de IU-Iniciativa. En su capacidad de olvidarse de su sectarismo atávico y dar paso a un verdadero proceso de reforma. Capaz de realizar un balance autocrítico de su actuación.

Nadie duda que el sistema electoral y mediático está diseñado para el bipartidismo y para evitar que la izquierda tenga demasiado peso. Pero resulta evidente que los votos también se han evaporado por otras razones, empezando por las continuas batallas internas y diversas intervenciones políticas en años pasados (el sectarismo de las “dos orillas”) y presentes (el papel gubernamental de Iniciativa o Esker Batua quizás expliquen parte de los votos evaporados). No trato de buscar culpables. Simplemente subrayar que sin una evaluación sincera y completa es imposible crear nada nuevo y ahí todo el mundo tiene su parte de responsabilidad.

Difícilmente se saldrá de la crisis si el debate se limita a la militancia organizada. Para que haya un camino a la izquierda, aunque de momento solo sea un sendero, hace falta recomponer fuerzas y sumar energías. Y esto requiere un diálogo y una colaboración abierta con los sectores sociales que de alguna forma se inscriben en la izquierda. Y que en los próximos tiempos necesitarán de espacios en el que desarrollar una respuesta social a la avalancha de políticas y movimientos derechistas que nos amenazan.

[Albert Recio] www.fcee.urv.es

en: www.ucm.es

Vale.

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